EL TOCINO DE BOQUIÑENI

 

En un lugar de la Provincia e Zaragoza, a orillas del río Ebro, hay un pueblo llamado Boquiñeni, donde ocurrió una historia muy curiosa hace unos años.

Era un pueblo que tenía muchos cerdos; tenían cerdos las familias y también había en exceso de estos en las granjas; por eso mismo se mezclaba un mal olor por todos los sitios, qué desde que se entraba hasta que se salía del pueblo, era como estar dentro de una gigante pocilga, y por eso mismo, el pueblo era llamado: ¡el pueblo de los cerdos!.

Por los pueblos cercanos a Boquiñeni, se contaba que había demasiados cerdos concentrados en un sólo pueblo.

Estos comentarios llegaron hasta Zaragoza, incluso al departamento de Sanidad, y el Secretario general decidió meter miedo en el pueblo, e intentar reducir al máximo los cerdos en ese lugar. Así qué, este cacique de la Administración, ordenó a sus trabajadores, que fuesen al pueblo, hiciesen inspecciones en algunas casas, y que multasen por cualquier cosa; de esta forma meterían miedo entre todos los habitantes del pueblo de Boquiñeni; con la mala idea de que así la gente tendría menos cerdos de los que había en el lugar.

Cierto día, un inspector se presento en la casa de Ladislao y Lucía preguntando por el dueño de la casa, salio Lucía a recibirlo; Lucía abrío la puerta de su casa, y mirando al forastero, sintió un escalofrío por todo su cuerpo, éste que vestido con un traje gris acompañado con una corbata azul, y brillantina a rebosar en la cabeza, estaba justo enfrente suya.

A Lucía le pareció muy extraño que llamase un forastero tan raro en su casa, que por cierto, ésta se encontraba a las afueras del pueblo.

Al momento, Lucía dijo: dígame, que quiere usted?; a lo que el forastero contesto: buen día señora, quisiese hablar con el dueño de la casa; Lucía, para escapar de ese ser que no le gustaba nada, le soltó a éste: está aquí detrás, y bajando la cabeza se dijo para si misma, ¡leches!, pero que tontos que son estos que vienen de fuera, y siguió diciendo en voz alta: tiene que ir a este lado, y donde vea una puerta pequeña se mete, y llame gritando por Ladislao; el forastero hizo una carcajada, que cuando llego de frente al corral, se partió de la risa de tal modo, que parecía que se rompía en dos pedazos; a la vez que decía en voz baja: ya veras tú, la multa que les voy a poner a estos paletos.

El forastero, cuando llego a la puerta pequeña, no llamo a Ladislao, tal y como le había dicho Lucía, sino que por el contrario, sin permiso ninguno, se metió para dentro del corral, mirando a todo su alrededor.

Encontró a Ladislao hablando con el cerdo, que le iba diciendo: pero que cerdo más majo que tengo, rediós, come, come cerdo, que tienes que hacer mucho jamón, ¡mira, mira que grande y gordete que esta!, sueño contigo, en el día que nos des esos jamones tan lustrosos que tienes, rediós.

Escondido en un lado, el forastero hizo otra carcajada, pensando: hoy me pongo las botas con estos, les voy a multar hasta los dientes.

Así que el forastero se acerco hasta donde estaba Ladislao, y por detrás de éste grito: pero que tocino más majo que tiene usted!.

Ladislao se asusto por un momento, pero enseguida apareció Lucía gritando: Ladislao, Ladislao cuida con ese forastero, que nos quiere fastidiar.

Ladislao que no entendía nada, mando callar a su mujer diciendo: calla boba, no ves que no hace otra cosa que decirle piropos al cerdo?.

Después de dejar de mirar a Luzía, el forastero dijo: majo, majo es éste cerdo, y... que van hacer con él?: al momento, Ladislao contesto: pronto haremos la matanza, y el cerdo nos dará para hacer chorizos, longanizas, morcillas, tocino, jamón, y de todo que le podamos sacar, para tener carne todo el año, y no pasar hambre.

El forastero miraba al cerdo fijamente, preparando su plan, preguntándole a Ladislao acerca del cerdo: y dígame, ¿que es lo que le da de comer al cerdo para que sea tan hermoso y tan grande?.

¡Toma este!; contesto Ladislao: este come de todo, y sobre todo las sobras de la comida y de la cena, también le damos las peladuras de las patatas, patatas podridas, fruta con su cáscara, verdura podrída, y toda clase de comida que empieza a florecer, vamos, que se come cualquier cosa este cerdo.

El forastero se puso tieso diciendo: eso me parecía a mi, y por todo lo que me ha dicho, y por darle de comer todas esas marranadas al pobre cerdo, les voy a multar con tres mil euros, porque yo soy un inspector de Sanidad, que vela por el bien de los animales: El inspector se hacía otra carcajada para sus adentros imaginando: estos no vuelven a tener cerdo ninguno en su vida.

No paso mucho tiempo, cuando Lucía venía de recoger hierba seca para los animales que tenía en su casa; Lucía se acerco a comprar vino para Ladislao en la taberna que había en la plaza del pueblo; en estas qué, pudo ver a un forastero preguntando por ella y su marido; muy deprisa salio corriendo por una calle estrecha hasta llegar a su casa; cuando llego, grito muy fuerte: Ladislao, Ladislao ven aquí, deprisa, Ladislao, escucha....

Pronto vino Ladislao hasta donde estaba Lucía preguntándole: pero que pasa mujer, ¿es que se acaba el mundo o qué?; Lucía le contó lo que había visto en la plaza del pueblo diciendo: ay, ay, Ladislao, que he visto a un forastero preguntando por nuestra casa, que pregunta a toda la gente, ay, ay marido, que este ha de ser otro inspector, lo mismo que aquel que nos saco el dinero con sus tonterías, ¿te acuerdas?, y que vamos hacer ahora?.

Se rascaba Ladislao la cabeza con la vista hacia abajo, para acabar diciéndole a Lucía: esta vez no lo conseguirá!, si viene a nuestra casa, tú no digas nada, déjame a mi hablar, que esta vez sé muy bien lo que hacer y decir, que no me va a engañar otra vez, faltaría más.

Lucía se quedo en casa, sin dejar por un momento de mirar por la ventana, esperando a que el forastero llegase en cualquier momento; Ladislao se fue al corral, para atender a los animales; los dos, marido y mujer estaban muy nerviosos, porque la experiencia que tuvieron con el otro inspector, no fue nada buena.

Al fin llegó el forastero a la casa de nuestros amigos; este inspector había hablado con el otro, que lo puso en antecedentes, así que éste sabía donde estaba el corral, el huerto, y la personalidad de Lucía y Ladislao; por eso el forastero se fue directamente al corral de la casa donde estaba Ladislao con sus animales; el inspector se acerco a Ladislao diciendo: buenos días, qué, hay mucha faena?; Ladislao enseguida le contesto, ya que estaba esperándole hacía mucho rato: pues sí, el cuidar a este cerdo lleva mucho trabajo; el forastero se acerco un poco más a un lado de donde se encontraba Ladislao diciendo: leches, que interesante que es todo esto, diga, digame más cosas de su trabajo con el tocino; Ladislao cayo en la trampa, ya que el forastero tan solo quería sacarle información, para cogerle y multarle por cualquies cosa.

Ladislao comenzó a contar diciendo: verá usted, todos los días es necesario limpiar la pocilga, hay que sacar toda la porquería, meter nueva paja, hacerle la comida y darle de comer a los animales y en especial al cerdo, hace falta regar el suelo, y además solemos leerle los periódicos, y también le ponemos música, para que el tocino esté contento y así engorde más.

El forastero se puso cara a cara y frente a Ladislao, con los ojos abiertos completamente y contestando muy deprisa: eso es, eso es, de eso mismo quería yo preguntarle, ¿que es lo que le da de comer al tocino?.

Ladislao ya se imaginaba que le iba a preguntar por esa cuestión, y por eso se había preparado el argumento, y comenzó a decir: pues eso depende, sabe?, cada día le hacemos una cosa diferente, le preparamos un menú distinto, para que así no se harte de comer siempre la misma comida, ¡menudo es nuestro cerdo!, de la verdura que tenemos en nuestro huerto, le damos las mejores, con la fruta hacemos lo mismo, le damos las más frescas y maduras, le reservamos todos los árticulos de primera, porque sino lo hacemos así, al cerdo no le gusta, y no quiere comer nada, este tocino tiene todos los previlegios que le apetece, y por eso come mucho mejor que nosotros.

El inspector se puso mucho más fiero gritando: esto no puede ser posible, Ladislau cayo en la trampa que le había puesto el Inspector, que siguió diciendo: esto no puede continuar así, sabe usted el hambre que pasa la gente en estos mismos momentos?, y ustedes dándole de comer todas esas cosas al cerdo, esto es inadmisible totalmente, como inspector del gobierno del servicio de Sanidad, les voy a multar con tres mil euros, por tratar al cerdo como una persona rica, por hacer de un animal una imitación de una persona, cuando todo el mundo sabe que un tocino es solo eso un tocino, y esto va contra natura, pudiendo provocar rarezas en el animal, y por lo tanto en el posterior consumo de sus productos.

Ladislao salio de la pocilga pensando que era lo que había hecho mal, cuando lo tenía todo preparado de ante mano: le contó a Lucía todo lo que había pasado, a lo que ésta contesto: como aparezca otro forastero de estos, me vas a dejar hablar a mi, que se va a enterar.

A los pocos días, el jefe de la Administración de Zaragoza, decidió mandar a Boquiñeni a un último inspector, para acabar de meter miedo en esa familia, y que no tubiesen tocinos nunca más en su casa.

Venía Ladislao del campo con la azada en los hombros; estaba muy cansado, y cuando levanto la vista del suelo, se encontró de frente con el nuevo inspector, que le miraba fijamente; Ladislao le pregunto: quiere usted alguna cosa?; el forastero le contesto enseguida: sí, soy inspector de Sanidad, y según mis documentos, ustedes tienen un cerdo, es así?; Ladislao se puso a caminar despacio, mientras miraba de arriba abajo a ese nuevo forastero, éste que seguía al dueño de la casa y que venía a fastidirle una vez más.

Cuando llegaron a la casa, Ladislao grito: Lucía, Lucía ven, deprisa, que esta aquí el inspector de Sanidad.

Salio Lucía limpiándose las manos en el delantal; miro al forastero diciéndole: vamos al corral, que allí esta el tocino; los tres se metieron en la pocilga; El forastero vio al cerdo y dijo: ¡leches!, que tocino más gordo, que robusto que es, y parece muy sano; y enseguida hizo la pregunta del millón; y .... que le dan de comer al cerdo?.

Lucía se puso de frente al forastero, poniendo la mano derecha en la cadera derecha, y la mano izquierda, en la cadera izquierda, con las piernas abiertas, como queriendo retar al inspector, y dijo: nada, nosotros no le damos nada, nada de nada, ¿darle de comer a este cerdo nosotros?, nada; a lo que el forastero contesto: pero algo tiene que comer?, alguna cosa le darán al cerdo?, Lucía insistió diciendo: que no, que nada de nada, que nosotros no le damos nada al cerdo; el forastero volvió a decir: que no puede ser, que alguna cosa tiene que comer este cerdo, ¿que es lo que hacen para que se crié tan hermoso este animal?.

Lucía, muy segura de sus palabras, y ya harta de repetir lo mismo una y otra vez dijo muy seria: mire usted, al tocino no le damos nada de comer, y la respuesta a su pregunta es, que lo que hacemos es darle cinco euros al cerdo para que se compre lo que más le guste, porque ya sabe usted, que cada uno se gasta sus dineros como mejor le parece, eso pues, es lo que hace el tocino. El inspector no supo que decir, ni que hacer tampoco, y mientras se iba por el camino, Lucía y Ladislao se despedían con el pañuelo, mientras le decían al forastero: y no vuelva más por aquí, que desde ahora, los cerdos comerán y harán lo que más les guste, y no hay inspector ninguno que cambie eso, que los tocinos no son personas para entender las cosas de este mundo tan extraño.

Nunca más volvío a la casa de Lucía y Ladislao inspector ninguno, pues aprendieron la lección muy bien.

Y cuentico contado este cuento se va por la chimenea.

Santiago Carcas Cuartero - 2009

01. El Alfabeto + (Libro recomendado)
02. Normas Gráficas
03. Artículos Determinados + preposiciones
04. Las Preposicones
05. Los Saludos y las Despedidas
06. El Genero
07. El Cuerpo Humano
08. El Plural
09. Los Meses del Año
10. Pronombres personales (persona)
11. Verbo- Presente Indicativo
12. Estaciones del Año
13. El tiempo atmosférico
14. Actividades fisiológicas
15. Calificativos personales
16. La parentela
17. Vocabulario sobre la casa
18. El Horoscopo
19. Los pronombres Personales
20. Toponímia simple
21. Los Demostrativos
22. Verbo- Futuro Indicativo
23. Vocabulario -1 -
24. Verbo- Pretérito Indefinido
25 -bis. Verbo- Perifrástico Perfecto
26. Números Cardinales y Ordinales
27. Los Indefinidos
28. Vocabulario - 2 -
29. Verbo- Futuro Indicativo
30. Las Horas
31. Verbo- Condicional Simple
32. Los Pronombres Posesivos
33. Vocabulario - 3 -
34. Adverbios
35. Los participios
36.Verbo- Pretérito Perfecto
37. Vocabulario - 4 -
38. Pretérito Pluscuanperfecto
39. El carnaval 1
40. El Carnaval 2
41. El Carnaval 3
42. El Carnaval 4
43. El Carnaval 5
44. Relativos, interrogativos, Cuantitativos y comparativos
45. Verbo- Pretérito Anterior
46. Desayuno, Almuerzo, comida, merienda y cena
47. Verbo- Futuro Perfecto
48. Nombres en aragonés
49. Verbo-Condicional Compuesto
50. Los Animales
51. Canciones
52. Libros
53. Ejercicios
54. Breve Diccionario Aragonés
LECTURA EN ARAGONÉS + ejercicios